Yo vide una garza mora dándole combate a un río…

Todo se remonta unos cuantos meses atrás, cuando los artistas del drama emprendedores del proyecto del Teatro de la Ciudad decidieron contar con el coro para participar en los talleres de investigación teatral que concluyeron con el montaje de las obras “Medea”, “Antígona” y “Edipo Rey” dirigidas por Andrés Lima, Miguel del Arco y Alfredo Sanzol respectivamente. El coro se encargó de interpretar la banda sonora expresamente compuesta para Medea. Del Arco no quiso ser menos, e incorporó también detalles sonoros interpretados por los jóvenes a su adaptación de la tragedia de Antígona de Sófocles. Así es como el Coro de Jóvenes de Madrid se zambulló de lleno en el mundillo más selecto del teatro nacional, reunido en el Teatro de La Abadía.

Tras muchas horas de ensayo y posterior grabación en el mismo Teatro, y trabajando estrechamente con el espectacular equipo de sonido, fue adquiriendo forma la banda sonora original de Medea, compuesta por Jaume Manresa, quien también estuvo presente durante todo este proceso. Esto, sumado al extraordinario elenco de la función, formado por Aitana Sánchez-Gijón en el papel principal, el propio Andrés Lima, Laura Galán y Joana Gomila, permitió que cobrase vida una de las más sobrecogedoras tragedias griegas de la historia. “No hay mayor dolor que el amor”, reza Medea en su incesable angustia.

El estreno de dicha obra tuvo lugar en el ya conocido Teatro de la Abadía de Madrid en el mes de abril, aunque unos días previos a dicha fecha, los componentes del coro tuvimos el privilegio de asistir al preestreno y último ensayo general con público, para quedar irremediablemente cautivados con la magia desprendida por la desgarradora interpretación de Aitana & Co, a la vez que recogíamos orgullosos los merecidos frutos de tanto esfuerzo y dedicación durante los meses anteriores al contemplar el increíble resultado del maravilloso equipo que formamos el Coro de Jóvenes y el reparto.

Las funciones del Teatro de la Ciudad se sucedieron con éxito en La Abadía durante los meses posteriores, completándose el aforo del antiguo convento una y otra vez, cobrando la representación popularidad gracias a las excelentes críticas y cautivando cada vez a más y más público, como es lógico que suceda cuando se realiza un buen trabajo. Durante este tiempo, el coro mantuvo el contacto con el Teatro de la Ciudad mediante el proyecto “Entusiasmo” impulsado por ellos, actuando en dos ocasiones.

Así, entre aplausos, concluyen las últimas funciones en La Abadía por el momento en el mes de junio, debido al compromiso del proyecto con el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida en su edición número 61, donde se interpretarían sucesivamente las tres obras durante la tercera semana de julio. Es entonces donde vuelve a aparecer el “silencioso” e imprescindible trabajo del coro, que es invitado por Lima para viajar a Mérida a acompañar musical y escénicamente a los actores en la función de Medea, que inauguraría la trilogía en tierras extremeñas el día 15.

Una vez adaptada nuevamente la obra con el fin de incorporar a la escena a los aproximadamente 80 coristas, comenzaron enseguida los ensayos coreográficos en los que memorizamos con agilidad las instrucciones de Andrés, que nos colocaba en una posición u otra según la escena, aportando así una fuerza extra a la representación además de un plus de dificultad al tener que cantar al tiempo. Aun así, el coro acató eficientemente las órdenes del director y pronto la obra cogió un color más espectacular aún si cabe.

Casi sin darnos cuenta, dada nuestra intensa actividad pre-gira que incluye tanto ensayos como conciertos, se acercó la esperada fecha. El coro en su conjunto viajó a Mérida el día 14 por la mañana saciado de la energía e ilusión que lo caracteriza, donde le esperaba una intensa sesión de ensayo general al caer el sol. Esto, junto con un último repaso acompañados de Lima la tarde siguiente, fue suficiente para que el coro se familiarizase con la ciudad y con el espectacular y entrañable escenario que pisaban por primera (esperemos que no última) vez los aficionados cantantes; nada más y nada menos que el Teatro romano, levantado hace dos milenios.

A medida que anochecía, corrían los artistas de un lado a otro del “backstage” del Teatro, excitados y nerviosos, conscientes de la responsabilidad que tenían esa noche ante el público. Un poco de barro a modo de maquillaje para finalizar los preparativos, un fuerte apretón de manos y un grito de guerra algo peculiar (¡Hécate!) como sedante contra los nervios… Listos para darlo todo.

Todo salió a pedir de boca y fuimos recompensados con el mayor regalo para un artista: la emoción y los vítores de un público satisfecho. Qué decir de esta enriquecedora experiencia tanto a nivel personal como grupal que ha hecho estremecer, excitar, turbar, vibrar, conmover. Un sinfín de emociones que sin duda recordaremos con apego durante mucho tiempo.

Gracias al Teatro de la Ciudad por brindarnos esta gran oportunidad. ¡Nos vemos en la próxima!

… y así es como se enamora tu corazón con el mío.